Si la filosofía antigua había tomado la realidad objetiva
como punto de partida de su reflexión filosófica, y la medieval había tomado a
Dios como referencia, la filosofía moderna se asentará en el terreno de la
subjetividad. Las dudas planteadas sobre la posibilidad de un conocimiento
objetivo de la realidad, material o divina, harán del problema del conocimiento
el punto de partida de la reflexión filosófica. Son muchos los acontecimientos
que tienen lugar al final de la Edad Media, tanto de tipo social y político,
como culturales y filosóficos, que abrirán las puertas a la modernidad, y que
han sido profusamente estudiados.
En lo filosófico, el desarrollo del humanismo
y de la filosofia renacentista, junto con la revolución copernicana, asociada
al desarrollo de la Nueva Ciencia, provocarán el derrumbe de una Escolástica ya
en crisis e impondrán nuevos esquemas conceptuales, alejados de las viejas e
infructuosas disputas terminológicas que solían dirimirse a la luz de algún
argumento de autoridad, fuera platónica o aristotélica. De las abadías y
monasterios la filosofía volverá a la ciudad; de la glosa y el comentario, a la
investigación; de la tutela de la fe, a la independencia de la razón.
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